Imagina que llevas 16 años sufriendo un dolor de cabeza crónico insoportable tras un traumatismo craneoencefálico. Fármaco tras fármaco, ningún tratamiento funciona y los médicos ya barajan la sección nerviosa como último recurso. En ese punto, decides probar el ayuno terapéutico combinado con una dieta vegetal y, tras varios meses, el dolor se vuelve leve, breve y esporádico. Este extraordinario caso clínico del TrueNorth Health Center de California plantea preguntas cruciales: ¿qué relación existe entre el ayuno intermitente, la migraña y el ayuno prolongado? ¿Puede el ayuno terapéutico ayudar de verdad frente al dolor crónico y qué papel desempeña la alimentación posterior?
La evidencia científica sobre el ayuno terapéutico es compleja y, en ciertos aspectos, sorprendente. Aunque a menudo se percibe como un remedio universal, la investigación ofrece una perspectiva con matices: el ayuno puede desencadenar cefaleas, pero, bajo determinadas condiciones y protocolos, también puede aliviarlas a largo plazo. La clave reside en el método, la duración y, sobre todo, en las pautas nutricionales que se sigan tras romper el ayuno.
Índice de contenidos
- Puntos clave
- ¿Qué es el ayuno terapéutico?
- ¿Sirve el ayuno para la migraña? Estudio de un caso clínico
- El papel de la dieta vegetal
- ¿Existe una dieta específica para la migraña? Evidencia científica
- Ácido araquidónico: alimentos que incrementan el dolor
- Efectos secundarios: por qué el ayuno da dolor de cabeza y otros riesgos
- Autofagia: ¿qué ocurre en el organismo durante el ayuno?
- Aplicación práctica: ¿cómo se realiza el ayuno terapéutico?
- Preguntas frecuentes
- Fuentes científicas
Puntos clave
- El ayuno suele desencadenar cefaleas: En casi un tercio de las personas que realizaron ayuno en el TrueNorth Health Center, el dolor de cabeza apareció como efecto secundario. Saltarse comidas se sitúa entre los desencadenantes de la migraña más habituales.
- Alivio notable en un caso clínico: Una mujer de 52 años con 16 años de dolor de cabeza crónico postraumático experimentó una mejoría prolongada tras realizar ayuno hídrico y adoptar una dieta vegetal integral sin azúcar, aceite ni sal añadidos.
- Intensidad del dolor reducida a la mitad: Tras el primer periodo de ayuno, la intensidad del dolor disminuyó un 50 %. Tras un segundo ayuno seis meses después, los episodios pasaron a ser leves, de corta duración (menos de 10 minutos) y poco frecuentes.
- Millones de personas afectadas: Más de un millón de personas sufren traumatismos craneoencefálicos cada año en Estados Unidos; tres cuartas partes padecen dolor crónico posterior, con opciones terapéuticas muy limitadas.
- Efectos difíciles de aislar: Resulta complejo distinguir qué parte de la mejoría se debe al ayuno en sí y cuál al mantenimiento de una dieta vegetal completa en los años posteriores.
- El ácido araquidónico fomenta el dolor: Los alimentos ricos en ácido araquidónico (carnes, lácteos, huevos) pueden potenciar las vías del dolor. Una dieta vegetal reduce la presencia de este ácido graso y de compuestos proinflamatorios.
- Respaldo en ensayos aleatorizados: Pacientes con migraña que adoptaron una dieta vegetal mostraron mejoras significativas en la frecuencia de las crisis, la intensidad del dolor y la necesidad de analgésicos.
- Adherencia voluntaria al cambio dietético: Gran parte de los participantes en los estudios se sintió tan aliviada con la dieta vegetal que rechazó volver a su alimentación convencional.
- Activación de la autofagia: Tras unas 16 a 24 horas sin ingerir alimentos, se pone en marcha la autofagia, un mecanismo celular de reciclaje y limpieza que contribuye a reducir los procesos inflamatorios.
- El método Buchinger como referente: Desarrollado por Otto Buchinger en la década de 1920, este protocolo aporta entre 250 y 500 kcal diarias mediante caldos de verduras, zumos e infusiones, siendo la modalidad más extendida.
- Estructura indispensable en tres fases: El ayuno terapéutico requiere días preparatorios de descarga (1-2 días), días de ayuno estricto (5-7 días) y días de realimentación progresiva (3-5 días); esta última fase es tan determinante como el ayuno propiamente dicho.
- Frecuencia recomendada de 1 o 2 veces al año: El ayuno terapéutico no está concebido como una práctica continua, sino como una intervención puntual de choque vinculada a una reeducación nutricional definitiva.
¿Qué es el ayuno terapéutico y cómo se compara con el ayuno intermitente en la migraña?
El ayuno terapéutico consiste en la abstención voluntaria y temporal de alimentos sólidos con fines de salud. A diferencia de las pautas cotidianas como el ayuno intermitente, la migraña y otras afecciones crónicas se abordan en el modelo clásico mediante un retiro de varios días consecutivos, habitualmente entre 5 y 7 jornadas.
La modalidad más conocida es el ayuno Buchinger, creado por el médico alemán Otto Buchinger en los años veinte. En esta variante se permite un aporte diario de 250 a 500 calorías a base de caldos vegetales, zumos recién exprimidos e infusiones. Una opción más exigente es el ayuno hídrico estricto, en el que únicamente se consume agua y el aporte calórico es nulo.
El TrueNorth Health Center de California, centro donde se documentó el caso clínico inicial, aplica protocolos de ayuno hídrico bajo supervisión médica directa. En la evaluación de varios centenares de procesos de ayuno se constató que casi un tercio de los participantes experimentó dolor de cabeza como efecto adverso. De hecho, la falta de una ingesta regular o los periodos prolongados sin comer figuran entre los principales desencadenantes de la migraña y de la cefalea tensional en neurología.
Ante este dato, ¿de qué forma puede beneficiar el ayuno a quienes sufren dolor de cabeza crónico? La respuesta parece no residir únicamente en la abstinencia temporal de comida, sino en su combinación estratégica con una transformación dietética sostenida en el tiempo.
¿Sirve el ayuno para la migraña? Estudio de un caso de dolor de cabeza crónico
El caso clínico documentado por el TrueNorth Health Center expone la evolución de una mujer de 52 años con dolor de cabeza crónico postraumático. A raíz de una lesión cerebral traumática, había convivido durante 16 años con un dolor ininterrumpido que persistía las 24 horas del día.
La paciente había probado múltiples líneas de medicación sin obtener mejoría, lo que deterioró profundamente su calidad de vida. Agotadas las vías convencionales, recurrió a una intervención intensiva: un ayuno hídrico supervisado médicamente, seguido de una transición estricta hacia una dieta vegetal sin azúcares añadidos, aceites ni sal.
La evolución clínica fue notable: tras el primer ciclo de ayuno, la intensidad del dolor se redujo a la mitad. Aunque las molestias continuaban manifestándose a diario, aparecieron por primera vez intervalos libres de dolor. Seis meses después completó un segundo ayuno, tras el cual la mejoría se consolidó de forma drástica: las cefaleas pasaron a ser leves, con una duración inferior a 10 minutos y una frecuencia meramente ocasional, manteniéndose este alivio a lo largo de los años.
Según estimaciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), más de un millón de personas sufren traumatismos craneoencefálicos cada año en Estados Unidos, y aproximadamente tres cuartas partes terminan desarrollando dolor crónico. Para este cuadro invalidante y de complejo manejo, las alternativas médicas habituales son reducidas: tratamientos farmacológicos con eficacia moderada o procedimientos invasivos como la denervación quirúrgica craneal.
La incógnita clínica fundamental es si la remisión se debió al estímulo biológico del ayuno o al efecto continuado de la dieta vegetal instaurada con posterioridad.
El papel de la dieta vegetal
Discriminar los beneficios específicos del ayuno respecto a los de la nutrición resulta complejo, dado que la paciente mantuvo de forma rigurosa la alimentación basada en plantas tras concluir la terapia. Los datos disponibles sugieren que ambos elementos actuaron de forma sinérgica.
Del mismo modo que existen fármacos analgésicos para mitigar el dolor, ciertos componentes de la dieta actúan como factores proalgésicos (facilitadores del dolor). Entre ellos destaca el ácido araquidónico, un ácido graso poliinsaturado de la serie omega-6 presente sobre todo en productos de origen animal: carnes, lácteos y huevos.
El organismo utiliza el ácido araquidónico como sustrato para sintetizar eicosanoides proinflamatorios, mediadores que pueden intensificar la inflamación neurogénica y amplificar la sensibilidad de las vías nociceptivas. Al prescindir de los productos animales mediante una dieta vegetal, la carga de ácido araquidónico en el cuerpo desciende notablemente.
Paralelamente, los alimentos vegetales aportan una elevada densidad de moléculas antiinflamatorias: antioxidantes, polifenoles, fibra y ácidos grasos omega-3 presentes en semillas de lino, chía o nueces. Estos compuestos modulan las cascadas inflamatorias y pueden favorecer el control del dolor.
La hipótesis de trabajo plantea que incrementar el consumo de vegetales y recortar los derivados animales contribuye a reducir las cefaleas. ¿Qué respaldo ofrece la investigación clínica controlada al respecto?
¿Existe una dieta específica para la migraña? Estudios científicos
Un equipo de investigadores llevó a cabo un ensayo clínico aleatorizado y cruzado con pacientes diagnosticados de migraña. Los participantes se distribuyeron en dos grupos: uno siguió una pauta estrictamente basada en alimentos vegetales integrales, mientras que el otro recibió un placebo. Tras una primera fase de intervención, ambos grupos intercambiaron sus respectivas pautas.
Los hallazgos fueron concluyentes: durante la etapa con placebo, la mitad de los pacientes refirió alguna mejoría, mientras que la otra mitad no experimentó cambios o empeoró. En cambio, durante la fase con dieta vegetal, prácticamente la totalidad de los participantes registró una evolución favorable.
Los parámetros evaluados mostraron diferencias estadísticamente significativas en aspectos clave:
- Menor frecuencia de los episodios de dolor de cabeza
- Disminución en la intensidad del dolor
- Reducción del número de días mensuales con cefalea
- Menor consumo y necesidad de fármacos analgésicos
Durante el desarrollo del ensayo surgió una circunstancia imprevista: un número considerable de participantes se negó a completar el protocolo diseñado. Al finalizar el periodo con la dieta vegetal, debían regresar a su alimentación habitual y tomar el placebo; sin embargo, al constatar un cambio tan positivo en su bienestar, rechazaron de plano volver al punto de partida.
Este comportamiento se ha repetido en otros ensayos sobre patrones dietéticos vegetales. Cuando las personas experimentan un alivio tangible de sus síntomas en su vida cotidiana, muestran gran reticencia a reintroducir factores dietéticos perjudiciales, aun cuando el diseño metodológico del estudio lo requiera.
Ácido araquidónico: alimentos que incrementan el dolor
El ácido araquidónico se concentra principalmente en los siguientes grupos de alimentos:
- Carne de cerdo, vacuno y aves de corral
- Huevos (especialmente en la yema)
- Lácteos enteros y derivados (quesos curados, mantequilla, nata)
- Vísceras y despojos
- Pescados y mariscos (en proporciones menores)
Los alimentos de origen vegetal carecen prácticamente de ácido araquidónico. El efecto protector y modulador de la inflamación propio de la dieta vegetal se articula a través de varios mecanismos:
- Menor disponibilidad de ácido araquidónico: Se reduce el sustrato base necesario para generar eicosanoides proinflamatorios.
- Aporte de antioxidantes: Neutralizan los radicales libres y atenúan el estrés oxidativo tisular.
- Fibra prebiótica: Favorece el equilibrio de la microbiota intestinal, con un impacto regulador sobre la inflamación sistémica.
- Ácidos grasos omega-3 vegetales: El ácido alfa-linolénico (ALA) promueve vías metabólicas antiinflamatorias.
En trastornos caracterizados por dolor crónico —como la migraña, la artritis reumatoide o las cefaleas postraumáticas—, minimizar el consumo de ácido araquidónico a través de una alimentación vegetal estructurada puede suponer un valioso recurso complementario.
Efectos secundarios: por qué el ayuno da dolor de cabeza y otros riesgos
El ayuno terapéutico no está exento de efectos no deseados. El registro clínico de TrueNorth evidencia que casi una de cada tres personas experimenta cefaleas durante el proceso, lo que en el ámbito clínico se conoce como crisis depurativa o de adaptación, habitual durante el segundo o tercer día.
Otros efectos secundarios frecuentes comprenden:
- Hipotensión ortostática, mareos y sensación de inestabilidad
- Fatiga marcada y astenia
- Sensación acusada de frío
- Halitosis (consecuencia del estado de cetosis)
- Alteraciones del patrón de sueño
- Irritabilidad
De hecho, las caídas bruscas de glucosa (hipoglucemia), los desajustes en la hidratación y los periodos prolongados sin comer figuran de manera constante entre los desencadenantes de la migraña más reconocidos. Aunque algún estudio preliminar no controlado ha sugerido ventajas directas de la privación de comida en episodios migrañosos, el consenso científico actual indica que el ayuno no supervisado tiende a precipitar las crisis con mayor frecuencia de la que las alivia.
Por este motivo, cualquier abordaje de ayuno con fines terapéuticos debe realizarse bajo estricto control médico. Las principales contraindicaciones incluyen:
- Embarazo y periodo de lactancia
- Antecedentes o presencia de trastornos de la conducta alimentaria (TCA)
- Bajo peso corporal severo o desnutrición
- Enfermedades cardiovasculares graves
- Diabetes mellitus tipo 1
- Insuficiencia renal avanzada
La paciente analizada en el caso clínico llevó a cabo su intervención en un entorno hospitalario y con monitorización constante. Llevar a cabo ayunos prolongados por cuenta propia en presencia de patologías crónicas desaconsejado desde el punto de vista médico.
Autofagia: ¿qué ocurre en el cuerpo durante el ayuno?
Uno de los mecanismos clave del ayuno terapéutico es la autofagia, un proceso celular de «autolimpieza». El término proviene del griego: auto (uno mismo) y phagein (comer).
Mediante la autofagia, las células descomponen y reciclan componentes dañados o que ya no resultan útiles. Aunque este proceso se mantiene siempre activo a un nivel basal, el ayuno lo potencia de forma notable. Tras un periodo de entre 16 y 24 horas sin ingerir alimentos, la autofagia se activa de manera significativa.
Entre sus beneficios para la salud destacan:
- Eliminación de componentes celulares disfuncionales
- Reducción de marcadores inflamatorios
- Mejora de la sensibilidad a la insulina
- Disminución de la presión arterial
- Pérdida de peso
- Posibles efectos neuroprotectores en el campo de la neurología
El científico japonés Yoshinori Ohsumi recibió el Premio Nobel de Medicina en 2016 por descubrir los mecanismos moleculares de la autofagia. Sus investigaciones demostraron cómo las alteraciones en este mecanismo se vinculan a diversas patologías: cáncer, enfermedades neurodegenerativas, infecciones y trastornos metabólicos.
En casos de dolor de cabeza crónico y migrañas, la autofagia podría contribuir al alivio sintomático al mitigar los procesos inflamatorios en el sistema nervioso y reducir la inflamación neurogénica. No obstante, la evidencia científica directa sobre esta relación en seres humanos todavía es limitada.
Aplicación práctica: ¿cómo funciona el ayuno terapéutico y la migraña?
El ayuno terapéutico clásico según el método Buchinger se estructura en tres fases:
1. Días de preparación o descarga (1-2 días)
Paso a una alimentación ligera basada en una dieta vegetal para preparar el organismo. Suelen incluirse arroz, verduras al vapor y fruta.
2. Días de ayuno (habitualmente de 5 a 7 días)
En el ayuno Buchinger: aporte de 250 a 500 kcal diarias procedentes de caldos de verduras, zumos, infusiones y, en ocasiones, una pequeña cantidad de miel.
En el ayuno solo con agua: consumo exclusivo de agua, con cero calorías.
Un aspecto clave al inicio es la evacuación intestinal, realizada por lo general con sales de Glauber (sulfato de sodio) o mediante un enema. Su objetivo no es una supuesta «desintoxicación» (un concepto sin base científica), sino evitar que las molestias digestivas interfieran durante el ayuno.
3. Días de readaptación (3-5 días)
Transición gradual hacia la alimentación habitual. La primera ingesta de alimentos sólidos marca la ruptura del ayuno y tradicionalmente se celebra con una pieza de fruta, como una manzana.
Esta fase de readaptación es tan relevante como el propio ayuno. Volver de golpe a comidas pesadas puede provocar trastornos digestivos.
Frecuencia recomendada:
El ayuno terapéutico suele llevarse a cabo 1 o 2 veces al año. No está planteado como un modelo de alimentación continuo ni sustituye a enfoques sostenibles como el ayuno intermitente para la migraña.
En el caso clínico de la paciente de 52 años con cefalea postraumática, se realizó un ayuno a base de agua seguido de una transición definitiva a una dieta vegetal integral sin azúcares añadidos, aceites ni sal. La mejoría duradera se consolidó tras el segundo ciclo de ayuno, seis meses después.
Preguntas frecuentes
¿Quién creó el método de ayuno terapéutico?
El médico alemán Otto Buchinger (1878-1966) está considerado el precursor del ayuno terapéutico moderno. Tras recuperarse de una grave afección reumática mediante el ayuno, desarrolló en los años 20 el método que lleva su nombre. Sus clínicas en Alemania continúan activas en la actualidad, gestionadas por la cuarta generación de su familia.
¿Cuándo se realiza la evacuación intestinal en el ayuno terapéutico?
La evacuación intestinal se lleva a cabo al comienzo del proceso, habitualmente durante el primer día de ayuno o en el último día de preparación. Se suelen emplear sales de Glauber (sulfato de sodio) disueltas en agua o un enema. Esta limpieza no debe repetirse a diario a lo largo de todo el ayuno, sino únicamente al inicio y, si fuera necesario, una sola vez más tras 3 o 4 días.
¿Sirve el ayuno para la migraña y qué beneficios aporta el ayuno terapéutico?
El ayuno terapéutico se aplica con diferentes objetivos clínicos: el abordaje de patologías inflamatorias crónicas (como artritis o reumatismos), el síndrome metabólico, la hipertensión arterial, el control del peso como punto de partida para un cambio de hábitos, y el manejo del dolor de cabeza crónico y la cefalea tensional, además de servir como una pausa de reajuste psicofísico. El respaldo científico varía según cada indicación, siendo los efectos sobre la tensión arterial, los biomarcadores inflamatorios y el peso corporal los mejor documentados.
¿Qué está permitido tomar durante el ayuno terapéutico?
En el ayuno Buchinger tradicional se permite: caldo de verduras casero sin sal, zumos de frutas y verduras recién exprimidos (diluidos), infusiones y té verde, agua sin gas para garantizar una correcta hidratación (al menos 2 a 3 litros al día) y pequeñas cantidades de miel (1-2 cucharaditas). Quedan excluidos los alimentos sólidos, el café, el alcohol, el tabaco, los edulcorantes artificiales y la mayoría de los fármacos (siempre bajo consulta médica previa). Por su parte, en el ayuno estricto solo se permite agua.
¿Qué cambios experimenta el organismo durante el ayuno?
Tras 12-16 horas sin ingerir alimentos, las reservas de glucógeno hepático se agotan y el metabolismo pasa de utilizar glucosa a quemar grasas, entrando en estado de cetosis. A partir de las 16-24 horas se intensifica la autofagia celular. Descienden los marcadores inflamatorios en sangre, bajan los niveles de insulina y mejora la sensibilidad insulínica, al tiempo que la presión arterial tiende a reducirse. Los cuerpos cetónicos se convierten en una fuente de energía alternativa para el cerebro. Con el paso de los días pueden manifestarse síntomas pasajeros como cefaleas, cansancio o mareos.
¿En qué consiste exactamente el ayuno terapéutico?
Consiste en la abstención voluntaria y delimitada en el tiempo de alimentos sólidos con fines terapéuticos y bajo supervisión médica. A diferencia del ayuno por motivos religiosos o del ayuno intermitente, se trata de una intervención continuada de varios días (habitualmente de 5 a 7 días) con un objetivo de salud. La variante más extendida es el método Buchinger, que aporta entre 250 y 500 kcal al día mediante zumos y caldos dentro del ámbito de la medicina integrativa.
¿Qué zumos son los más recomendados en el ayuno Buchinger?
Se aconsejan zumos naturales recién exprimidos: naranja, pomelo (atendiendo a posibles interacciones farmacológicas), manzana, zanahoria, remolacha (bien diluida) o chucrut. Deben tomarse siempre diluidos en agua al 50 % y repartidos a lo largo de la jornada, evitando presentaciones comerciales con azúcares añadidos. La pauta habitual es de unos 250 a 500 ml diarios divididos en 2 o 3 tomas.
¿Por qué el ayuno da dolor de cabeza y cuál es el día más difícil?
El segundo y el tercer día suelen ser los más exigentes, lo que se conoce como «crisis del ayuno». En esta fase, las reservas de glucógeno se han vaciado por completo y el organismo se adapta a la cetosis; la bajada de glucosa o una hipoglucemia transitoria, junto con la retirada de sustancias habituales como la cafeína, explican por qué el ayuno da dolor de cabeza en ciertas personas, acompañado en ocasiones de fatiga, irritabilidad o falta de concentración. Hacia el cuarto día, la mayoría experimenta una notable mejoría con mayor claridad mental y energía, aunque la intensidad varía en cada individuo.
¿Cómo se debe llevar a cabo el ayuno terapéutico?
Requiere una estructura clara: 1-2 días de descarga con alimentación suave, evacuación intestinal inicial con sales o enema, 5-7 días de ayuno con abundante hidratación (agua, caldos, infusiones y zumos diluidos), ejercicio moderado al aire libre, descanso y 3-5 días de readaptación progresiva a la comida habitual. Si es la primera vez, se recomienda realizarlo bajo supervisión profesional cualificada o en centros especializados.
¿Cuánto tiempo debe durar el ayuno?
La pauta estándar en el método Buchinger es de 5 a 7 días de ayuno propiamente dicho, sumados a 1-2 días previos de preparación y 3-5 días posteriores de reintroducción, lo que supone un proceso total de unos 10 a 14 días. Existen formatos más breves (3-4 días), aunque con un impacto fisiológico menor. Los ayunos prolongados de varias semanas quedan reservados exclusivamente a entornos clínicos bajo estricto control médico.
¿Con qué frecuencia al año se puede realizar?
El ayuno terapéutico suele programarse 1 o 2 veces al año, con frecuencia coincidiendo con los cambios de estación en primavera u otoño durante 7 a 10 días. No es un hábito diseñado para repetirse de forma continua —para una aplicación periódica resulta más adecuado recurrir a pautas adaptadas como el ayuno intermitente si se padece migraña—, sino una intervención puntual vinculada a una posterior consolidación de hábitos saludables.
Fuentes científicas
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Fuentes y bibliografía
Revisiones sistemáticas, metaanálisis y ensayos controlados sobre el tema de este artículo. Todos los enlaces fueron verificados el 16/08/2026.
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