DOMINGO, 23 DE AGOSTO DE 2026
Bol con remolacha, garbanzos, cebolla roja, pepino y queso feta desmenuzado en la mesa (von KI generiert)

Remolacha e índice glucémico: por qué apenas altera la glucosa

La remolacha tiene un sabor dulce. Bastante más dulce que el brócoli o la zanahoria, y quienes vigilan su nivel de azúcar en sangre suelen evitarla. Sin embargo, el debate en torno a la remolacha y su índice glucémico esconde uno de los errores más arraigados en la frutería: un mito que no se sostiene ante un cálculo numérico sencillo.

Esta receta italiana, una ensalada rápida con garbanzos, queso feta y cebolla morada (ideal tanto fría como ensalada templada), es la combinación perfecta para ilustrar esta realidad nutricional.

Remolacha e índice glucémico: la cifra que de verdad importa

El índice glucémico de la remolacha cocida ronda el 64, lo que la sitúa en un índice glucémico medio. Puede parecer una cifra alta si se compara con el pan blanco, que está en 75. No obstante, el IG mide un parámetro que poco tiene que ver con un plato de comida real: compara raciones estandarizadas que contienen exactamente 50 gramos de hidratos de carbono puros.

Para alcanzar esa cantidad con la remolacha, habría que comer unos 700 gramos, ya que 100 gramos de este tubérculo apenas aportan unos siete gramos de carbohidratos netos. Ahí reside toda la clave.

El valor verdaderamente determinante es la carga glucémica, que tiene en cuenta el tamaño real de la ración. Para 150 gramos de remolacha —una cantidad habitual en ensaladas—, la carga glucémica se queda en apenas 5. Cualquier valor por debajo de 10 se considera bajo. En comparación, una rebanada de pan blanco llega a 10 y una ración media de arroz supera los 20.

Por tanto, su sabor dulce no se debe a una gran cantidad de azúcares, sino a que los azúcares presentes se perciben de forma muy directa en el paladar y a que los matices terrosos y amargos se suavizan durante la cocción, evitando picos de glucosa inesperados.

Cómo influyen los garbanzos en la remolacha y la glucemia

Los garbanzos son el contrapunto perfecto: aportan bastantes hidratos de carbono, pero de absorción muy lenta. Su índice glucémico ronda el 28, uno de los valores más bajos entre todas las guarniciones saciantes. Esto se debe a su densa estructura celular, su alto contenido proteico y sus cerca de ocho gramos de fibra por cada 100 gramos, destacando su aporte de fibra soluble.

Al combinar ambos ingredientes en un mismo plato, se produce un efecto sinérgico: las proteínas y la fibra ralentizan el vaciado gástrico, lo que modula la respuesta glucémica. Como consecuencia, la escasa cantidad de azúcar de la remolacha pasa al torrente sanguíneo de forma aún más gradual y sostenida.

El efecto del enfriamiento en la nevera

Además, existe una ventaja añadida si preparas la ensalada con antelación en lugar de mezclarla al momento. Cuando los garbanzos cocidos se enfrían, parte de su almidón se transforma en almidón resistente. El intestino delgado no puede descomponerlo, por lo que pasa intacto al colon, donde actúa como fibra y ayuda a prevenir picos de glucosa.

En la práctica, esto significa que los garbanzos de bote consumidos fríos son más favorables para el control de la glucosa que recién cocidos en caliente. Una ensalada que reposa toda la noche en la nevera resulta superior en este aspecto a una servida al instante. Este mismo principio se aplica igualmente a las patatas, el arroz y la pasta.

La receta

Para 2 raciones

  • 250 g de remolacha cocida, cortada en dados
  • 1 bote de garbanzos cocidos (240 g de peso escurrido), enjuagados
  • 120 g de queso feta
  • 1/2 cebolla morada
  • 1/2 pepino, sin semillas
  • 1 puñado de perejil fresco de hoja plana
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 1 cucharada de vinagre de vino tinto
  • Pimienta negra y una pizca de sal

Preparación: Corta todos los ingredientes sólidos en dados de tamaño similar; en esta ensalada es más importante que en otras, ya que no lleva un aliño espeso que disimule los cortes desiguales. Corta la cebolla en juliana fina o aros y pica el perejil toscamente. Añade el aceite y el vinagre directamente en el bol, mezcla todo con cuidado e incorpora el queso feta al final.

Es fundamental enjuagar muy bien los garbanzos de bote bajo el grifo. El líquido de conservación contiene la mayor parte de la sal añadida y los oligosacáridos responsables de los gases.

Cebolla morada: mucho más que color

La cebolla morada aporta quercetina, un flavonoide que se concentra sobre todo en las capas exteriores, justo debajo de la piel. Si se pela en exceso, se desecha la parte con mayor densidad de nutrientes. Basta con retirar las dos primeras capas secas.

Si la cebolla cruda te resulta demasiado fuerte: déjala cinco minutos en agua muy fría. Esto suaviza el picor sin alterar su color ni su textura crujiente.

Para quién está recomendada esta ensalada

  • Personas con resistencia a la insulina, prediabetes o diabetes tipo 2. Destaca por su alta densidad de fibra y proteínas, baja carga glucémica y ausencia de azúcares añadidos. Aporta unos 16 gramos de proteína y 11 gramos de fibra por ración.
  • Para llevar en táper al trabajo. Reposar en frío mejora su textura y sabor en lugar de estropearla. Conviene guardar el queso feta en un recipiente aparte para evitar que se tiña de rojo.
  • Cuando hay poco tiempo. Se prepara en minutos sin necesidad de cocinar si se utiliza remolacha cocida envasada. Si quieres saber más sobre este formato, consulta el análisis sobre la remolacha cocida envasada al vacío.

Resulta menos adecuada si debes controlar estrictamente la sal, ya que el queso feta y los garbanzos en conserva suman una cantidad respetable de sodio. Puedes descubrir cómo reducirlo en nuestra comparativa de quesos.

Valores nutricionales por ración (estimados)

por ración
Energíaaprox. 430 kcal
Proteínasaprox. 16 g
Hidratos de carbonoaprox. 30 g
de los cuales azúcaresaprox. 10 g
Fibraaprox. 11 g
Carga glucémicabaja (aprox. 12)

Remolacha para diabéticos: dos dudas habituales

¿Puede un diabético comer remolacha y cuánto sube la glucosa la remolacha? Sí, puede consumirse perfectamente e incluso resulta una de las hortalizas más convenientes dentro de una dieta equilibrada. Nadie consume la cantidad desorbitada que haría falta para que la remolacha provoque un impacto negativo en la glucemia. La única precaución necesaria es evitar la remolacha en conserva o encurtida en tarro de cristal, ya que el líquido de gobierno suele contener azúcar añadido en cantidades significativas; revisa siempre la lista de ingredientes.

¿Y el zumo de remolacha? Ese es un caso diferente. El zumo concentra los azúcares y elimina la fibra: un solo vaso equivale a varias piezas enteras sin la matriz vegetal que ralentiza su absorción. Para el control de la tensión arterial, el zumo resulta más eficaz; para la glucosa en sangre, es la opción menos aconsejable.

Fuentes

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